Érase una vez.... el cuento del canon.
Hace muchos años, en un lugar muy remoto... -pausa- para ser concreto, en las mentes de unos brillantes hombres de negocios que visionaron un futuro mejor, nació el canon. Un futuro mejor... para ellos. Los hombres de negocios eran, y siguen siendo, completamente indiferentes a todo lo que no tuviera que ver con el dinero en sus bolsillos, y al parecer no ven más allá del relucir del dinero fácil y rápido. Los intereses de los artistas, los cuales son los que proveen realmente el entretenimiento y el espectáculo a los consumidores, no se ven representados en el modelo de negocio de los que manejan los hilos.
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El canon es perjudicial tanto para los usuarios como para la industria de la tecnología y la información, y sobre todo para los mismos supuestos beneficiarios del canon. Al pagar una cierta cantidad cuando se realiza una compra de un soporte, implícitamente el consumidor siente legitimada el delito de la piratería, sobre todo musical y audiovisual, ya que es a este colectivo al que el dinero va destinado. Esto significa una total contradicción con los intereses de las fuentes de artes musicales y audiovisuales, los artistas, cuyos "representantes" son empresas que principalmente están en este negocio para fomentar la venta de soportes y electrónica de consumo.
No está en el interés de los artistas, a excepción quizás de una minoría ya de por sí bien remunerada, que ciegamente se cobre una cantidad de dinero a todo consumidor de soportes de datos y medios de comunicación, fomentando un delito aceptado socialmente e inflando el precio de las vías legítimas para la adquisición, ya de por sí fuera del alcance para muchos. Para los departamentos de finanzas de las grandes compañías suena como un plan brillante, ya que, proporcionalmente, los precios de los álbumes de los artistas bajo su sello no parecen aumentar si se comparan con los demás. Todos subirán de precio. Los pocos artistas que poseen el privilegio de tener el "cariño" de las grandes compañías, que cada vez son menos (tanto artistas como compañías) de por sí tienen las mejores posibilidades de recibir dinero, ya que cuentan con infraestructura de ventas y publicidad. Los de ellos, todos contentos.
¿Pero qué pasa con el gran montón? Para todos los demás, el canon significa que sus productos tendrán un coste añadido, y de lo que vende un artista ya de por sí sólo obtiene una pequeñísima fracción. Con el canon, les será más difícil obtener el pan de cada día, porque más gente verá legitimizada la copia y descarga ilegal.
De momento, una de las cosas que podemos hacer todos es firmar contra el canon, en www.todoscontraelcanon.es
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